Mientras el gobierno busca explicaciones y refugio en las estadísticas, el Partido Liberal de Honduras dijo en voz alta lo que miles de hondureños piensan: el Estado ha fallado a su gente. Las masacres en Rigores, Trujillo, Colón, y en Corinto, Omoa, Cortés, no son accidentes del destino. Son el resultado de políticas de seguridad que no han funcionado.

22 compatriotas muertos. 22 familias destruidas. Y un gobierno que, pese a contar con mecanismos extraordinarios de financiamiento en seguridad, no tiene respuestas que estén a la altura del dolor de esas comunidades.

"Ningún gobierno puede eludir su responsabilidad de combatir la criminalidad y garantizar la seguridad de la población. Los resultados continúan siendo insuficientes frente a la magnitud de la violencia."

Eso no lo dice la oposición radical. No lo dice un analista extranjero. Lo dice el Partido Liberal, con nombre y apellido, en un comunicado oficial. Y lo dice porque es la verdad que el poder no quiere pronunciar: el dinero se invirtió, las medidas se implementaron, y la gente sigue muriendo.

El partido también va más allá del diagnóstico. Exige prevención real: oportunidades para la niñez y la juventud, para que la próxima generación no termine siendo reclutada por las mismas estructuras criminales que hoy tienen de luto a Colón y a Cortés. Porque combatir el crimen sin atacar sus raíces es solo apagar incendios mientras alguien sigue encendiendo fósforos.

Y hay una frase del comunicado que debería resonar en cada despacho gubernamental: "La vida de cada hondureño debe ser una prioridad nacional. Ninguna muerte puede reducirse a una estadística." Porque eso es exactamente lo que ha pasado: las masacres se vuelven números, los números se vuelven informes, y los informes se archivan. El Partido Liberal se niega a que eso siga siendo la norma.

Respaldamos este comunicado sin reservas. Honduras merece un gobierno que proteja a su gente, no uno que justifique por qué no pudo hacerlo. El Partido Liberal habló. Ahora el país está esperando que alguien en el poder tenga el valor de escuchar.