Allan Ramos: transparencia que fortalece la confianza
junio 20, 2026
La gasolina superior en Tegucigalpa superará los 142 lempiras por galón, mientras que la regular también registra un incremento. En San Pedro Sula la situación es similar, con alzas en ambos tipos de gasolina y en el GLP vehicular, combustible que utilizan miles de taxistas y transportistas que ya no saben cómo cuadrar sus cuentas al final del día.
El gobierno presenta como consuelo que el diésel y el kerosene registrarán leves rebajas en esta nueva estructura. Pero para los conductores y las familias hondureñas, esas pequeñas bajas no compensan el impacto acumulado de semanas y semanas de incrementos en las gasolinas que mueven la mayoría de los vehículos particulares del país. El alivio parcial en un combustible no borra el golpe constante en los demás.
Lo que más irrita a la ciudadanía no es solo el precio en sí, sino la cadencia implacable de los ajustes. Cada semana, puntualmente, llega el anuncio de una nueva estructura de precios. Cada semana, los hondureños se preguntan si habrá aumento. Y casi cada semana, la respuesta es la misma: sí, sube. La gasolina superior que hace apenas unos meses costaba por debajo de los 135 lempiras hoy supera los 142, un aumento que en términos prácticos significa más gasto en transporte, más costo en la distribución de alimentos y más presión sobre una canasta básica que ya de por sí está fuera del alcance de miles de familias.
Los conductores de transporte público y privado son quienes sienten el impacto de manera más directa e inmediata. Para un taxista o un conductor de mototaxi que llena su tanque varias veces a la semana, cada lempira de aumento en el precio del combustible representa una pérdida real en sus ingresos diarios. Para el dueño de un negocio que depende del transporte de mercancía, el alza en los combustibles se convierte inevitablemente en un aumento en el precio final de sus productos, que termina pagando el consumidor.
El gobierno argumenta que los precios responden a las fluctuaciones del mercado internacional del petróleo, como si esa explicación fuera suficiente para calmar el malestar de quien llena su tanque y ve cómo su quincena se evapora en la bomba de gasolina. Honduras, como país importador de combustibles, tiene márgenes de acción limitados frente a los precios internacionales, pero eso no exime a las autoridades de la responsabilidad de buscar mecanismos de alivio para una población que ya carga demasiado peso.
La pregunta que nadie en el gobierno parece querer responder es sencilla: ¿cuándo para esto? Porque mientras los precios del petróleo suben y bajan en los mercados internacionales, en Honduras parece que solo hay una dirección: arriba. Y los que pagan siempre son los mismos: los hondureños de a pie que no tienen más opción que seguir llenando el tanque, apretarse el cinturón y esperar que la próxima semana traiga, por fin, una noticia diferente.
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