Mientras hospitales colapsan y maestros protestan, el Gobierno prefiere gastar millones en aviones de guerra

 


Mientras maestros y médicos protestan en todo el país por reajustes salariales incumplidos, despidos y la falta de respuesta del gobierno, la administración central proyecta la compra de al menos seis aviones militares Super Tucano, una decisión que evidencia cuáles son las verdaderas prioridades oficiales. En lugar de concentrarse en rescatar la educación pública y el sistema de salud, el gobierno apuesta por fortalecer su flota de guerra en un país donde la población lucha a diario por acceder a servicios básicos.

En las principales ciudades del país, los docentes exigen el pago de ajustes que ya cuentan con presupuesto aprobado, mientras miles de alumnos se quedan sin clases en el sistema público por la falta de voluntad para cumplir lo pactado. Al mismo tiempo, médicos de hospitales estatales realizan paros parciales y asambleas informativas para denunciar despidos y la ausencia de diálogo real por parte de las autoridades, en medio de una crisis histórica de falta de medicamentos, personal y equipo.

Frente a este escenario, el anuncio de planes para adquirir aviones Super Tucano, aeronaves de ataque ligero con un costo que internacionalmente se ha estimado en torno a los 10 millones de dólares por unidad, resulta una provocación para una ciudadanía que no ve resueltas sus necesidades más urgentes. La inversión en este tipo de equipo militar podría representar decenas de millones de dólares que no se destinan a hospitales, escuelas, centros de salud ni programas de atención a la niñez y la juventud.

La contradicción es evidente: mientras el gobierno acusa a maestros y médicos de tener “intereses políticos” por salir a protestar, es la misma administración la que impulsa decisiones políticas y presupuestarias que privilegian la compra de armamento sobre el bienestar de la población. En lugar de fortalecer la red hospitalaria, garantizar plazas dignas, equipar centros de salud o invertir en infraestructura educativa, se envía el mensaje de que los aviones y la imagen de “poder” pesan más que la vida y el futuro de la gente.

En un país con graves índices de pobreza, con comunidades enteras sin acceso digno a educación ni a servicios médicos, insistir en gastar millones en aviones militares es una muestra de desconexión con la realidad nacional. Honduras necesita un gobierno que ponga sus recursos al servicio de las aulas y los hospitales, no de los hangares, y que escuche a los gremios en lugar de criminalizar sus reclamos.




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