El que fue, el que está y el que quiere estar en la silla
Por Oscar Francisco Ávila
La política tiene una constante: el poder nunca admite vacíos. En el Partido Nacional hoy convergen tres figuras que representan tres momentos distintos, pero con un mismo objetivo: conservar o conquistar el Poder. Juan Orlando Hernández es el que fue; Nasry "Tito" Asfura es el que está al frente; y Tommy Zambrano es el que quiere estar en la silla del poder.
Todos hablarán de unidad. Todos dirán que el Partido Nacional permanece cohesionado. Esa ha sido siempre su doctrina: una estructura vertical, donde las decisiones bajan desde un solo liderazgo y la disciplina se impone sobre el debate. Sin embargo, detrás del discurso de unidad se libra una batalla silenciosa por el control del partido y por la candidatura presidencial.
El regreso de Juan Orlando Hernández inevitablemente altera el tablero político. Aunque ya no ocupe la Presidencia de la República, ni puede aspirar, conserva influencia sobre dirigentes, alcaldes, diputados y estructuras que crecieron bajo su liderazgo. Nasry Asfura, como presidente, intenta consolidar su autoridad y Mientras tanto, Tommy Zambrano construye su propio proyecto presidencial.
La pregunta es inevitable: cuando llegue el momento de las decisiones, ¿a quién obedecerán quienes durante años hicieron política bajo la conducción de Juan Orlando? ¿Al expresidente? ¿Al presidente? ¿O al aspirante que prometa mantenerlos en el poder? Porque en política las lealtades suelen inclinarse hacia donde se concentra el poder, no necesariamente hacia donde están los principios.
En el fondo, los tres terminarán disputándose el control del Partido Nacional. No será una confrontación pública desde el primer día, existirá amor y respeto; pero sí una lucha por las estructuras, por las bases, por las candidaturas y por el liderazgo. En política no pueden coexistir tres jefes permanentes. Al final, uno impondrá su liderazgo y los otros tendrán que ceder o confrontar.
Pero mientras el nacionalismo libra esa batalla interna, surge una pregunta aún más importante para el futuro del país: ¿qué hará el Partido Liberal? ¿Se limitará a observar cómo su principal adversario resuelve sus conflictos internos o aprovechará el momento para convertirse en una verdadera opción de poder?
El Partido Liberal tiene una responsabilidad histórica. No basta con esperar que el adversario se desgaste. Debe construir una oposición inteligente, firme y propositiva frente al nefasto legado de los gobiernos nacionalistas, que dejaron profundas heridas en las instituciones, la economía y la confianza ciudadana. Ser oposición no significa oponerse a todo; significa fiscalizar, proponer y ofrecer un camino diferente. Si el liberalismo aspira a gobernar en 2029, debe dejar de conformarse con ser espectador de las disputas ajenas y asumir el papel que la democracia le exige: convertirse en la alternativa que Honduras espera. Porque mientras unos pelean por el control de un partido, otros deberían estar trabajando por conquistar la confianza de un país entero.
Oscar Francisco Ávila
Secretario de Comunicación Política
Partido Liberal de Honduras
Máster en Comunicación Política
EL PUEBLO es el espacio oficial de información y comunicación del Partido Liberal de Honduras. Desde aquí compartimos las acciones, propuestas y liderazgos que fortalecen al liberalismo y que representan la esperanza de un país con libertad, justicia y equidad.

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