¡LO DE LA REELECCIÓN ESTÁ CLARO!
Justo con el regreso del Sr Hernández surgen los viejos fantasmas de la reelección, la reelección allá, que sí o no, en fin, viejas costumbres que reviven a los viejos tiranos, los que correctamente llamó mi estimado amigo, el Abogado Waldo Rodman Rivera Portillo en su excelente texto: ¿Por qué en Honduras es ilegal la reelección presidencial? , cuyo subtexto que prefiero indica entre paréntesis “Adictos al Poder”, y quien en un juicioso análisis jurídico señala lo que para mí, sin lugar a confusiones expresan textualmente y espiritualmente lo que indican los malqueridos artículos pétreos de nuestra venerada Constitución de la República, dicho texto del dilecto amigo, ex catedrático de la amada Alma Mater hondureña, la siempre eterna Unah, debería ser libro obligatorio para todo aquel que aspire a ser reconocido como Abogado de los Tribunales de la República y, sobre todo, de todo aquel que participe en política.
El texto Constitucional como les señalo a mis alumnos de Derecho Constitucional y de Teoría del Estado, no es un documento cualquiera, es el pacto inicial de una sociedad que, como la nuestra, en los 80 tas decidió volver al proceso democrático después de muchos años de gobiernos militares, amparados bajo la doctrina del garrote impuesta por el gran amigo del norte. Fue el acta de nacimiento de un esfuerzo nacional nuevo por cambiar las formas, los procesos y los resultados de nuestro destino, por buscar y en definitiva encontrar nuestra alma nacional, por ser, a pesar de las tempestades capitanes de nuestra forma particular de ver y sentir culturalmente el mundo.
La ley, el único marco aglutinante de la sociedad, si se quiere vivir justa y civilizadamente, es y debe ser no solo respetada, debe ser venerada, aprendida, estudiada, reflexionada desde la instrucción primaria, porque vivir la libertad en todos los campos de la vida, hasta en el amor, implica rituales, reglas y condiciones. Libertad nunca ha sido libertinaje, y jamás debe haber alguien superior a ella aparte del Dios nuestro creador, de cuya justicia nadie escapa. La Constitución por consiguiente, para las sociedades democráticas, para los que, como Kelsen, creemos en su famosa pirámide del orden jurídico normativo, es la cúspide del mismo, pero también de nuestros más caros anhelos como pueblo, como nación, como país, como patria y como amada tierra.
No significa que la Constitución es perfecta, porque nada humano lo es, nuestra naturaleza es imperfecta, pero buscando la perfección a la que nunca se puede llegar, las personas y las naciones nos perfeccionamos. Es una lucha diaria, es un esfuerzo colectivo dignificar el imperio de la Constitución y de las leyes, es como decía uno de los grandes juristas del derecho “un imperativo categórico”. Los constituyentes sabiamente construyeron nuestra Carta Magna entendiendo que se puede y se debe perfeccionar con el cambio de los tiempos, por eso Linares Quintana en sus famosas 7 reglas de la interpretación constitucional dice que las mismas deben ser escritas con un criterio, amplio, liberal y práctico, ojo, liberal no de partido para que los tontos no vayan a decir que ya estoy desviando el análisis, liberal de libertad, de amplitud. En ese sentido nuestros constituyentes dejaron las provisiones para la reforma constitucional adecuadamente y dejaron las cláusulas pétreas o irreformables conociendo la idiosincrasia del político hondureño y del aspirante a tirano tradicional.
En la Democracia, como en la vida y en el amor, siempre son malas las segundas partes, y, en Honduras, con nuestra cultura, con nuestro nivel educativo, cívico y formativo, con nuestra experiencia desde el retorno a dicho proceso, es una condición sine qua non, que el que ya estuvo en el poder se retire adecuadamente del mismo para que no se enamore de él, porque como bien decía el barón de Montesquieu “quién diría?, que hasta la virtud necesita límites”, señalando que quien está demasiado tiempo en el poder o se enamora mucho del mismo o es incapaz de entender que debe entregarlo, se vuelve para el que en su alma es un tirano, una adicción, produce un efecto adormecedor y los lamebotas de todo tipo y color, sin criterio, conociendo al tirano, le empiezan a decir que es el más inteligente, el más capaz, que es insustituible, providencial y que está más allá de la Ley y por lo tanto, hay que interpretarla perversamente, ahh error.
He visto en los medios amigos y amigas revivir equivocadamente, quizás por desconocimiento, quizás con intención buena o mala, el tema de la reelección, justo con la llegada de uno de los violadores del texto constitucional. A todos ellos y ellas, con respeto, les recuerdo lo que correctamente dice nuestro marco societario, en su Art 1 señala que somos un Estado de Derecho, por lo tanto sometidos al imperio de la Ley, en el 2 que, la soberanía corresponde al pueblo y que lo que existe es un contrato social, que, bajo la figura de la representación otorga momentáneamente la responsabilidad del poder a los funcionarios electos y el 4 taxativamente dice: “La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa”, indica que hay 3 poderes, complementarios, independientes y sin relaciones de subordinación. Y, a renglón seguida expresa “La alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia es obligatoria. La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria.
Y después Arts 235, 236, 237 y en particular 239, 240 y demás dejan claro que el período presidencial es de 4 años, por ende, no existe en nuestro mundo jurídico la reelección presidencial y por lo tanto ni la CSJ puede declarar inconstitucional la Constitución. Igualmente, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos expresó que no se viola el derecho a elegir y a ser electo, cuando alguien ya fue Presidente porque ese derecho debe someterse siempre al derecho interno de cada país y al diseño original, por lo tanto, para mí está claro el tema de la reelección, igualmente quienes lo violaron. Es Delito de Traición a la Patria y es imprescriptible. ¡No se pierdan abogados!


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