La casa dividida no se sostiene: la verdadera disrupción es la unidad
Por Douglas Jesús lanzas Díaz
La casa dividida no se sostiene: la verdadera disrupción es la unidad Que atravesamos un clima de constante polarización no es un secreto para nadie. En la calle, en la pulpería y en las plataformas digitales, la inercia diaria parece centrarse en el señalamiento, las multas cruzadas y el desgaste mutuo. Sin embargo, seamos francos: el conflicto permanente entre corrientes no llena la mesa, no genera empleo ni resuelve los problemas estructurales que nos afectan a todos por igual.
Alimentar el bochinche o atizar la confrontación interna constituye la salida más fácil y conformista. Lo verdaderamente disruptivo hoy —aquello que exige temple, visión y carácter desde la institucionalidad— es tener la madurez de sentarse a construir consensos donde actualmente reina la desconfianza. La sabia palabra y la historia nos lo recuerdan con precisión: una casa dividida no prevalece.
La unidad no significa uniformidad de pensamiento ni exige guardar silencio ante las injusticias. Implica comprender que la diversidad de liderazgos fortalece a la institución; pero que, si la carreta se frena en el barro, comemos ansias todos por parejo, sin importar la generación o la corriente interna.
Es momento de superar la tirria estéril y las posturas radicales. Para destruir y dividir sobra gente; para levantar el país y proyectar un partido fuerte se requiere integridad, respeto a la casa política y la firme convicción de trabajar juntos.

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