VÉANSE EN REDONDO
Por Abog. Octavio Pineda Espinoza
Están por asumir las nuevas autoridades del País, sin embargo, quiero enfocarme en esta reflexión, al que considero el Primer Poder del Estado, el Congreso Nacional, ya que representa un corte transversal de la sociedad en su composición. La sociedad hondureña ha cambiado, ha perdido su confianza en la clase política, en los partidos políticos, en quiénes los representan y dirigen, en sus intenciones y resultados y por ende en La Democracia y por los últimos 20 años, en el Poder Legislativo. Dicho esto, como ciudadano yo prefiero una Democracia imperfecta a una dictadura perfecta.
Debo decir con preocupación que veo mucho triunfalismo y arrogancia entre los “ganadores”, mucha desconexión con la realidad y con el sentimiento de los hondureños, muchas acciones que nos recuerdan el triste pasado y actitudes poco realistas y conscientes de la condición de nuestra sociedad en los 3 partidos que fueron a la contienda el 30 de noviembre. Quizás se deba a que ya no existen en ellos liderazgos reales, todos y cada uno de ellos son producto del marketing moderno y no, de las convicciones, pensamientos e ideología partidaria reforzada por las convicciones, sino que priva el oportunismo, el transfuguismo, mucha pose y poca sustancia.
Los ciudadanos dieron un mandato claro en el proceso electoral, rechazaron la falaz propuesta disque socialista del PLR que se convirtió en una medicina casi peor que la enfermedad representada por JOH y su estructura. Revivieron el bipartidismo como una muestra de su convicción democrática pero no le dieron a ninguno un cheque en blanco. Repartieron su voto de forma igualitaria entre el PLH y el PNH estadísticamente en un 40% con una leve y discutida ventaja para el Sr. Asfura. En el CN no le dio a ninguno de los 3 la mayoría simple requerida para pasar las leyes y mucho menos la calificada, necesaria para las grandes reformas del Estado.
Esa realidad obliga a los dos grandes partidos de oposición a buscar consensos y un Acuerdo de Gobernabilidad Democrática para sacar al país del marasmo en que lo hundió Libre, sin embargo, ese objetivo no debe verse como una repartición de cargos, canonjías y privilegios, al contrario, debe verse como un llamado de la sociedad a hacer las cosas diferentes, a comprometerse no con las palabras sino con los hechos, a los cambios reales que necesita urgentemente nuestro sistema político-electoral pero además, nuestra legislación, nuestra institucionalidad, nuestro Estado de Derecho para que sea eficaz en la solución de los grandes males que nos afectan. Pasa por entender, como decía el Poeta Martí que “La Patria es ara y no pedestal”.
A los 128 diputados les hago con respeto una reflexión, pero en particular a quien dirigirá el Poder Legislativo a partir del 25 de enero, al Abogado Tomás Zambrano, en el sentido de no cometer el error que cometen muchos políticos de creerse intocables, más allá de la Constitución y las leyes, más allá de la Justicia terrenal pero sobre todo, de la Justicia Divina, más allá del juicio social que los tendrá en la mira todos los días y que, igual que los encumbran a una posición privilegiada, los desecha con desdén cuando olvidan su juramento sagrado de “Cumplir y hacer cumplir la Constitución y las Leyes” y para muestra un botón: el tristemente célebre Luis Redondo.
No comienzan bien los nacionalistas, porque si entendieran el pulso de la Nación, hubieran aceptado que finalmente se cumpla en Honduras lo que se establece en el Art 4 constitucional y la teoría de la división de poderes, permitiendo el equilibrio sano de los pesos y contrapesos, permitiendo que un diputado Liberal fuera el Presidente del Poder Legislativo. Pero las aspiraciones personales a veces se sobreponen a los intereses nacionales y ahí, debo aceptar, que también fallaron los diputados de mi partido, que en vez de una estrategia inteligente, corrieron a aceptar las migajas del poder y sucumbieron por “inocencia”, por el Tilín Tilín o por los ofrecimientos en el aire o las amenazas, a la equivocada solución de aceptar cargos menores en la Junta Directiva del Congreso comprometiéndose a una cogobernabilidad peligrosa, antes que salvar con dignidad la cara y quedarse los 41 en la oposición real.
Eso es ahora, agua pasada bajo el puente, y sus autores intelectuales y materiales deberán pagar el precio y las consecuencias amargamente. Una vez señalado eso, vuelvo a la reflexión original motivo de este artículo. Diputados, Sr Presidente del Congreso, no cometan el error de Redondo de convertirse en el mandadero de Casa Presidencial. No se olviden que el poder es efímero y que 4 años pasan bastante rápido, no pierdan el piso, no se consideren omnipotentes ni omnipresentes, mucho menos pretendan ser los dueños de la verdad, no manchen la honra de sus familias, de sus hijos y de sus respectivos departamentos y votantes. Entiendan que el poder es una responsabilidad y no un estilo de vida, que la historia juzga cruelmente a los traidores y los pueblos reclaman de muchas formas aquello que se hace a sus espaldas.
Mantengan la coherencia de lo que han dicho y ofrecido, rectifiquen sus errores pasados aquellos que se han reelegido, no destruyan sus posibilidades futuras aquellos que son electos por primera vez. Recuerden que la fama dura 15 minutos, pero la infamia dura toda la vida, véanse en el espejo de esa triste figura en la que se ha convertido Luis Redondo quien se va, sin pena ni gloria, como el peor humano que ha ocupado el honroso cargo de Presidente del Congreso Nacional, sin respeto de sus pares, odiado por sus seguidores, olvidado por sus líderes, convertido en un apátrida y en el despojo de quienes insultan y traicionan el alma nacional.
Pero igual recuerden lo que dice un sabio pensamiento: “Un necio ve la caída de otro como un tema de conversación. Un sabio la ve como una advertencia para sí mismo”. ¡No le fallen a Honduras!
Abogado y Notario. Catedrático Universitario. Político Liberal.
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