"No son civiles, son terroristas" Bukele lleva ante la justicia a 486 jefes de la MS-13
Por primera vez en la historia del país, los máximos líderes de la pandilla más sangrienta del continente responderán por cada crimen que ordenaron cometer
Durante décadas, El Salvador vivió secuestrado por el terror. Las maras controlaban territorios, cobraban extorsiones, reclutaban niños y ordenaban ejecuciones con total impunidad. Los líderes de la MS-13 daban las órdenes desde las sombras y jamás pisaban un tribunal. Eso cambió con Nayib Bukele.
El presidente salvadoreño defendió esta semana el juicio masivo contra 486 presuntos jefes de la Mara Salvatrucha con una claridad que pocos mandatarios en la región se han atrevido a tener: "No son civiles, son terroristas". Y tiene razón.
Responsabilidad real para los verdaderos responsables
Bukele aplicó un principio elemental de justicia que el mundo ya reconoció en los Juicios de Núremberg: quien da la orden es tan culpable como quien aprieta el gatillo. Los 486 acusados no son pandilleros menores agarrados en una esquina. Son los jefes de estructuras criminales a quienes la Fiscalía General vincula directamente con miles de delitos: homicidios, desapariciones, extorsiones y reclutamiento forzado de menores.
Durante años, el sistema judicial tradicional fue incapaz —o no tuvo voluntad— de llevar a estos líderes ante la justicia. El gobierno de Bukele no solo los detuvo; ahora los sienta en el banquillo y les exige que respondan por cada crimen cometido bajo su mando.
Eso no es autoritarismo. Eso es justicia.
Lo que los números no pueden ocultar
Los críticos internacionales pueden cuestionar el proceso. Las organizaciones de derechos humanos pueden emitir comunicados. Pero hay una cifra que nadie puede rebatir: más de 900 días consecutivos sin homicidios en El Salvador.
Un país que figuraba entre los más violentos del planeta, donde salir a la calle era jugarse la vida, hoy es uno de los más seguros de América Latina. Las familias salvadoreñas pueden caminar de noche. Los niños pueden ir a la escuela sin miedo a ser reclutados. Los comerciantes abrieron sus negocios sin pagar extorsión.
¿Cuánto vale eso? Para quienes vivieron bajo el yugo de la MS-13, no tiene precio.
El debido proceso que nadie les dio a las víctimas
Es fácil defender el "debido proceso" de los pandilleros desde una oficina en Ginebra o Washington. Mucho más difícil es explicarles a las familias de las víctimas por qué los asesinos de sus hijos merecen más garantías que las que ellos mismos tuvieron antes de ser ejecutados.
La MS-13 no celebró juicios. No presentó pruebas. No escuchó defensas. Simplemente mató, extorsionó y aterró durante décadas mientras el Estado miraba o, peor aún, negociaba.
Bukele rompió ese ciclo. Y lo hizo con una herramienta que sus antecesores nunca usaron: la voluntad política de enfrentar al crimen sin componendas.
Un liderazgo que el continente observa
El modelo salvadoreño incomoda precisamente porque funciona. Varios países de la región enfrentan crisis de seguridad similares y miran con atención lo que ocurre en El Salvador, conscientes de que la ruta tradicional —negociaciones, acuerdos de paz con pandillas, políticas de reinserción fallidas— solo prolongó el sufrimiento de la población.
Bukele no inventó la responsabilidad de mando ni los juicios por crímenes masivos. Los tomó del derecho internacional y los aplicó donde más hacían falta: en un país devastado por años de impunidad estructural.
El veredicto que ya dieron los salvadoreños
Más allá de los tribunales internacionales y las declaraciones de organismos multilaterales, hay un veredicto que ya está emitido: el del pueblo salvadoreño. Con índices de aprobación que superan el 80%, Bukele gobierna con el respaldo masivo de una ciudadanía que vivió el horror de las pandillas y hoy experimenta una paz que hace apenas cinco años parecía imposible.
Los 486 líderes de la MS-13 en el banquillo son un mensaje inequívoco: en El Salvador, el tiempo de la impunidad terminó.

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