¡OTRO GOLPE AL BOLSILLO! El gas doméstico sube L 7.48 y las familias hondureñas sienten el fin del precio subsidiado
Las familias hondureñas sintieron esta semana un nuevo impacto en su economía doméstica con el aumento de L 7.48 en el precio del cilindro de gas licuado de petróleo de uso doméstico, que pasó de L 238.13 a L 245.61 a partir del lunes 4 de mayo, poniendo fin al precio protegido que había mantenido el precio del gas estable durante cinco años consecutivos mientras los hondureños enfrentaban el alza de prácticamente todo lo demás.
El incremento fue anunciado por la Secretaría de Energía como parte de la nueva estructura de precios de combustibles, y representa el ajuste más sensible para los hogares hondureños dentro de los cambios aplicados esta semana. El gas doméstico es uno de los insumos más básicos e indispensables para las familias de todos los sectores económicos del país, por lo que cualquier variación en su precio se siente de manera inmediata en la cocina y en el presupuesto familiar.
Es importante aclarar que, contrario a lo que circula en algunas redes sociales, el subsidio al GLP doméstico no fue eliminado de manera total. Las autoridades confirmaron que continuará vigente con ajustes graduales según el comportamiento de los precios internacionales y la capacidad financiera del Estado, con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2026. Lo que cambió es que el precio ya no permanecerá estable en una cifra fija, sino que irá ajustándose de manera progresiva conforme lo dicten las condiciones del mercado global.
Para los hogares hondureños, especialmente los de menores ingresos, la diferencia entre un precio protegido y uno con ajustes graduales es muy significativa. Mientras el precio del cilindro se mantuvo en L 238.13 sin moverse, las familias podían planificar su gasto con certeza. Ahora, con ajustes que pueden aplicarse semana a semana, esa certeza desaparece y la presión sobre el presupuesto familiar aumenta en un contexto donde la canasta básica ya ejerce una carga enorme sobre la economía de los hondureños.
Los argumentos oficiales apuntan a las fluctuaciones del mercado internacional del petróleo y a la sostenibilidad financiera del Estado como razones para los ajustes. Sin embargo, para miles de familias que dependen del gas para cocinar cada día, esos argumentos se traducen en una realidad simple y concreta: el cilindro cuesta más y el salario no ha subido al mismo ritmo.
Lo que resulta evidente es que los hondureños de a pie siguen siendo quienes absorben el peso de las decisiones económicas, independientemente de qué gobierno esté en el poder. El gas sube, los combustibles suben, la canasta básica sube, y el bolsillo del ciudadano común sigue siendo el más golpeado de todos.
La pregunta que queda abierta es cuánto más subirá el gas antes de que termine el año y si los ajustes graduales prometidos se mantendrán realmente dentro de límites que las familias hondureñas puedan sostener sin mayor sacrificio.

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