Ni 150 días y ya amenaza a su gabinete: Asfura convierte a sus ministros en desechables por pensar distinto
Las recientes declaraciones del presidente Nasry Asfura, advirtiendo que “el que sienta que no entiende mis ideas de trabajo ni mi ritmo no seguirá trabajando”, confirman una visión autoritaria del poder y una peligrosa forma de ejercer la presidencia. A menos de 150 días de haber asumido el cargo, el mandatario ya habla de cambios y despidos en su gabinete como si el gobierno fuera una empresa privada y los altos funcionarios simples empleados a su antojo. El mensaje es claro: no se trata de trabajar por Honduras, se trata de adaptarse ciegamente a la forma de mandar de Asfura.
En lugar de promover el debate técnico, la diversidad de criterios y la construcción de consensos, el presidente manda una señal de miedo y obediencia. Un gabinete que trabaja bajo amenaza permanente no es un equipo de gobierno, es un grupo de subordinados que evitará cuestionar decisiones, aunque sean erradas o dañinas para el país. Cuando la prioridad es “entender su ritmo” y no responder a las necesidades de la población, el resultado es un gobierno encerrado en su propia burbuja, desconectado de la realidad.
Estas palabras también revelan otra preocupación: si en tan poco tiempo el presidente ya habla de cambiar ministros, es porque su proyecto carece de rumbo claro o de equipo sólido. En lugar de asumir su responsabilidad en la selección de funcionarios y en la conducción del Estado, Asfura prefiere culpar a quienes no se adaptan a su estilo personal. Honduras no necesita un gobernante que cambie piezas cada vez que algo no le gusta, necesita instituciones fuertes, estabilidad y políticas públicas serias.
Desde la oposición señalamos que el país requiere ministros con criterio propio, capacidad técnica y valentía para decirle la verdad al presidente cuando algo está mal, no figuras dóciles que solo digan “sí”. Un gabinete sometido al capricho del mandatario termina siendo parte del problema y nunca parte de la solución. Cuando el principal requisito para mantenerse en el cargo es complacer al jefe y no servir al pueblo, la democracia se debilita y se abre espacio a decisiones improvisadas y personalistas.
Honduras merece un gobierno que escuche, que se rodee de gente preparada y que rinda cuentas, no un presidente que amenaza a su propio equipo por no “seguirle el ritmo”. El verdadero liderazgo se demuestra construyendo acuerdos, respetando las diferencias y poniendo al país por encima de los intereses o del carácter de una sola persona. Si Asfura solo quiere funcionarios sumisos, entonces está demostrando que no confía ni en su gabinete ni en la inteligencia del pueblo hondureño.



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