Yury Sabas: El liberal que convirtió el trabajo en su bandera política
noviembre 23, 2025
Sí, históricamente han existido
abusos laborales que justifican plenamente la existencia de garantías,
sindicatos y mecanismos de protección para los trabajadores. Negarlo sería
irresponsable e injusto. El Derecho Laboral nació precisamente como una respuesta
frente a relaciones desiguales de poder y frente a prácticas de explotación que
atentaban contra la dignidad humana.
Pero también debemos atrevernos a
reconocer otra realidad: en Honduras, emprender, invertir y sostener una
empresa, especialmente una pequeña o mediana, también se ha convertido en una
lucha diaria.
Miles de emprendedores hondureños
intentan sobrevivir en medio de una economía inestable, inseguridad jurídica,
altos costos operativos, cargas tributarias, burocracia excesiva, extorsión,
crisis política y una creciente incertidumbre económica. Muchos pequeños
empresarios no son grandes élites económicas, son ciudadanos que arriesgan sus
ahorros, su patrimonio y su estabilidad personal para generar oportunidades de
empleo en un país donde el desempleo y la informalidad siguen golpeando
fuertemente a la población, y justamente por eso, el debate laboral necesita
madurar.
Así como existen patronos
abusivos que violentan derechos laborales fundamentales, también existen casos
donde algunos trabajadores utilizan mecanismos legales de protección de manera
incorrecta, desproporcionada o incluso de mala fe. Hablar de eso no significa
estar “en contra del trabajador”. Significa reconocer que la justicia verdadera
no puede construirse desde extremos ni privilegios absolutos para ninguna de
las partes.
El trabajador merece protección.
Merece salario digno, estabilidad, seguridad social, jornadas justas y respeto
a su dignidad humana. Pero también el empleador de buena fe merece seguridad
jurídica, condiciones estables para invertir y garantías frente a abusos que
puedan poner en riesgo la sostenibilidad de su empresa y, con ello, el empleo
de muchas otras familias.
Cuando una sociedad convierte al
trabajador y al empresario en enemigos naturales, termina destruyendo la
confianza necesaria para el desarrollo económico y social. Sin empresas no hay
empleo, pero sin trabajadores dignificados tampoco existe desarrollo justo.
Por eso Honduras necesita dejar
atrás los discursos de odio económico y empezar a construir una visión más
equilibrada, moderna y responsable de las relaciones laborales.
Nuestro Código del Trabajo,
aunque históricamente importante, fue concebido en una realidad económica
distinta a la actual. Hoy enfrentamos nuevas dinámicas: crecimiento de las
PYMES, economía informal, trabajo independiente, emprendimientos digitales y mercados
altamente inestables. Sin embargo, seguimos atrapados muchas veces en debates
ideológicos antiguos que no responden completamente a las necesidades del
presente.
Modernizar el sistema laboral
hondureño no significa eliminar derechos laborales ni debilitar la protección
social. Significa construir un modelo más eficiente, equilibrado y sostenible,
donde exista protección real contra la explotación, pero también incentivos
para la inversión, el emprendimiento y la generación de empleo formal.
Un país sin inversión
difícilmente genera oportunidades. Un país donde el trabajador vive sin
derechos ni garantías tampoco puede llamarse justo.
Necesitamos comprender algo
fundamental, el verdadero enemigo no es el trabajador ni el empresario. El
verdadero enemigo es la pobreza, la corrupción, la desigualdad, la falta de
institucionalidad y el abandono histórico que ha obligado a millones de
hondureños a sobrevivir entre precariedad, migración y desempleo.
Honduras no saldrá adelante
destruyendo al trabajador, pero tampoco destruyendo a quien decide invertir,
emprender y generar empleo en uno de los países más difíciles para hacerlo.
El verdadero progreso no nace de
la confrontación permanente entre sectores, sino de la capacidad de construir
un país donde tanto el trabajador como el empresario puedan crecer con
dignidad, justicia, estabilidad y esperanza.
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