El retorno de JOH es una bofetada a la dignidad nacional. Indignación colectiva frente a la justicia selectiva.
Honduras ha sido testigo de un
evento que sacude las fibras más profundas de nuestra psique colectiva: el
regreso del expresidente Juan Orlando Hernández tras su indulto en los Estados
Unidos. Para muchos, fue un día de desconcierto; para otros, de esperanza
sesgada; pero para la inmensa mayoría, despierta un sentimiento visceral de
indignación y burla.
Como seres humanos, antes que
políticos, somos seres emocionales. Nuestro cerebro reacciona instintivamente
ante la percepción de una injusticia flagrante. Cuando vemos a una figura
central en los escándalos de corrupción y narcotráfico internacional regresar a
su país sin rendir cuentas claras ante nuestros propios tribunales, la amígdala
cerebral se activa, generando una respuesta de alerta y rechazo. Sentimos que
se nos ha humillado nuevamente.
Es comprensible que la rabia sea
la emoción dominante. Sin embargo, no podemos permitir que el secuestro
emocional nos paralice o nos lleve al extremismo de la venganza. La indignación
es válida y necesaria, pero debe transformarse en una exigencia
inquebrantable de dignidad nacional.
El problema de fondo no es la
persona de Juan Orlando Hernández, sino lo que su retorno sin procesos legales
transparentes representa: la confirmación de una justicia selectiva.
Observamos con profunda preocupación cómo el sistema judicial hondureño, lejos
de ser un pilar independiente del Estado de Derecho, parece actuar al ritmo de
los vientos políticos de turno. Es una justicia maleable, un "traje a la
medida" que se ajusta según quién detente el poder.
Esta percepción de impunidad es
corrosiva para la democracia. Por un lado, el discurso oficialista intenta
culpar al pasado para evadir sus propias responsabilidades actuales; por el
otro, la realidad nos muestra que las estructuras que permitieron este retorno
siguen intactas, listas para ser usadas por cualquiera que ostente el poder.
Los hondureños observamos con alarma cómo el oficialismo utiliza este retorno
para desviar la atención de la crisis económica y de seguridad, mientras que
las estructuras judiciales, lejos de actuar con independencia, parecen esperar
la "luz verde" política para actuar o inhibirse.
No podemos permitir que un
indulto internacional sea utilizado como un salvoconducto para eludir la
responsabilidad histórica y legal que se tiene con el pueblo hondureño. La
democracia no es un borrón y cuenta nueva. La democracia se sustenta en la verdad
procesal y en la igualdad absoluta de todos los ciudadanos ante la ley, sin
privilegios para expresidentes ni para los gobernantes actuales.
Exigimos al Poder Judicial y al
Ministerio Público actuar con total independencia y celeridad. No buscamos un
circo político, buscamos un juicio justo y transparente que devuelva la
dignidad a las instituciones. La ciudadanía merece pruebas, no narrativas
polarizantes; merece sentencias basadas en la ley, no en arreglos entre élites.
El retorno de JOH debe ser el
punto de inflexión para dejar de mirar al pasado como excusa y comenzar a
construir un futuro basado en la ley. Nuestra postura deber ser firme, queremos
una justicia sin dueños ni amos, donde caiga quien caiga y
la ley sea la única soberana.
Hoy, más que nunca, Honduras
necesita una justicia pareja para todos. Esa es nuestra única ruta hacia la
verdadera paz social y el desarrollo.



0 Comentarios