¡2026!
Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza
Es el final de un año 2025 bien atropellado por muchas cosas y, en particular, por el proceso electoral que nos dejó a todos un mal sabor de boca en todos los sentidos posibles. Al final nadie ganó y todos perdimos, porque los que celebren un pírrico y cuestionado resultado no están pensando en Honduras y comienzan a cometer los mismos errores de aquellos, que los ciudadanos sacamos con el voto, si actúan con soberbia y con el sectarismo característico de los que no han evolucionado mental ni espiritualmente e interpretan que se les ha dado un cheque en blanco.
Los otros, los que de verdad perdieron la elección, andan como siempre buscando entorpecer las aguas turbulentas de la política vernácula para ver que sacan o, cómo logran quedarse más allá de lo que señala la Constitución y la Ley. Y los que ganaron/perdieron siguen sin un rumbo definido, tratando de atar cabos sueltos después del huracán y cuando el barco ha sucumbido a las tempestades que ellos mismos sembraron. Tanto así, que no hay una dirección establecida, no hay un liderazgo consolidado, no hay una autoridad respetada y mucho menos, una decisión en la que prive el País, la institución política que abrió sus puertas y, sobre todo, el noble pueblo hondureño.
Así que, dicho esto, vamos, por la Gracia de Dios al 2026. Ya, llegar a celebrarlo es una primera victoria. Lo que nos depara el futuro, estimado lector, es y seguirá siendo uno de los grandes misterios de la vida, pues nadie, en su sano juicio, puede aseverar ni siquiera que amanecerá vivo el 1 de enero del año 2026. Pero pasada esta primera prueba de vida, sigue indefectiblemente pendiente en nuestro amado terruño; la reflexión inteligente y sabia de todos los actores políticos internos y externos que nos conminaron a la peor elección de esta generación. La tecnología, la inteligencia artificial, los sistemas, los programas, las idas y venidas en las decisiones trascendentales que no funcionaron pasarán factura a todos sus actores, hasta a aquellos que se dicen impolutos.
Cuando estas cosas pasan es importante también entender que la política es parte de la vida, pero no es la vida!, ya que hay muchas otras circunstancias y variables en nuestra existencia que de igual forma requieren nuestro tiempo y dedicación: la familia, los hijos, las amistades, el trabajo, las aspiraciones profesionales, académicas, sociales y económicas, el amor que todo lo puede, la libertad, la paz, la lucha diaria por ser mejor en todos los campos, la dignidad y la tranquilidad que dan, un espíritu joven y alegre así como una conciencia sin traumas o fallas catastróficas pues, el tiempo, buen amigo, le terminará dando la razón a quien realmente la tiene y terminará descubriendo la clara y dolorosa verdad a aquellos que han faltado a la misma.
Por eso, la lucha no solo debe ser por subsistir, pero debemos todos entender el fundamento de esa lucha. La misma no debe ser para complacer egos, vanidades y torpezas, o para llenar espacios y conformarse con las garritas o chiringuitos como dicen los españoles, no, debe ser para mejorar nuestras instituciones de todo tipo, para construir civismo, para afianzar valores comunes, para reformar nuestro sistema político-electoral con las lecciones aprendidas del 2025, para revitalizar causas y reconstruir la Nación y las instituciones que deben velar por su mantenimiento. Y debemos entender que eso, nadie lo va a lograr providencialmente o con exclusiones ya que todo pasa por consensos y, por una reforma real de nuestra legislación, si la búsqueda es el bien común, si no lo es, si la búsqueda es por privilegios sin entender las responsabilidades vendrá un año malo lleno de más de lo mismo.
Mi formación católica, mi educación espiritual y profesional, mi espíritu particular, mi forma de ser personal, no me permiten ver el vaso vacío sino el vaso medio lleno, es decir, siempre guardo la esperanza de algo mejor para todos, creo en la reivindicación del ser humano, creo en el cambio si se provoca, creo en la superación y en la redención, así como creo que no vienen ni caen por generación espontánea ya que la vida es lucha y dejar de luchar es comenzar a morir.
Debo por mi naturaleza ser positivo y, en ese sentido, le deseo a todo el noble pueblo hondureño, ¡un Feliz Año Nuevo, prosperidad, salud, amor, trabajo, éxito y tiempo para disfrutarlo!.
Abogado y Notario. Catedrático Universitario. Político Liberal.


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