Capricho, gobernabilidad y justicia
Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza
La democracia como todo aquello que es humano, es imperfecta pero perfectible y es, en el largo devenir de la historia de la humanidad el mejor mecanismo encontrado por los seres humanos para dirimir sus diferencias políticas e ideológicas. Siempre es preferible una democracia imperfecta a una dictadura perfecta donde se pierden todas las libertades públicas y se violentan todos los derechos humanos.
No hay duda alguna que este último proceso electoral estuvo accidentado desde su inicio, fue bloqueado, dilatado, entorpecido y puesto en peligro por aquellos que pretendían y todavía pretenden quedarse en el poder más allá del período presidencial. Cierto es también que técnicamente fue terriblemente manejado y administrado, que en el imaginario colectivo quedó la sensación de manipulación para favorecer a un candidato y para desfavorecer a otro, de tal forma que la diferencia entre el primer y segundo lugar es apenas de 26,000 votos y que, quedaron sin revisarse más de 6,000 actas con inconsistencias señaladas en la Ley Electoral y sus Reglamentos y, además alrededor de 8,000 más, que las impugnaciones del PLH fueron desestimadas sin consideraciones legales y que existió, se quiera aceptar o no, el llamado efecto Trump.
Todo lo anterior sucedió en el marco de una lucha por defender y mantener nuestra débil democracia antes que perderla ante figuras totalitarias al estilo de las dictaduras existentes en Cuba, Venezuela, Nicaragua y otras auspiciadas por el Foro de San Paulo, con el apoyo de naciones imperialistas como China y Rusia en su disputa por el control del mundo y de los enormes recursos naturales de todo tipo con Estados Unidos. Hay factores geopolíticos, militares y económicos que fueron parte del trasfondo de esta elección.
Dicho lo anterior la disputa electoral se hizo con reglas preestablecidas, en un ambiente de una institucionalidad debilitada por 12 años nefastos del PNH y 4 años desastrosos de Libre. Los aspirantes al solio presidencial sabían los riesgos, los obstáculos, los peligros, debieron prevenir las traiciones, fortalecer sus propios recursos humanos y estratégicos, actuar con determinación cuando se presentaron las alarmas y llamados de atención que muchos hicimos sobre los órganos electorales, permitir que la experiencia fuera su guía, evitar las exclusiones en una batalla por sumar voluntades y votos, actuar sin triunfalismos y soberbias torpes que generaron la comisión de muchos errores que en algún momento habrá que aceptar
Esas reglas aceptadas por todos establecían que, para mantener el orden constitucional había un término para hacer una Declaratoria Oficial del CNE sobre los que ganaron el proceso y que, una vez emitida la misma, la Constitución, la Ley Electoral, sus reglamentos, la Ley procesal del TJE daba y otorga los mecanismos legales para que fueran utilizados por los que se consideraban afectados por las decisiones y acciones del órgano que dirigió el proceso. Los mismos fueron utilizados por el PLH, se siguen utilizando todavía y aún queda la presentación del recurso de Amparo ante la CSJ para agotar el trámite interno antes de acudir a un organismo internacional. Todo ello en el entendido que el bien jurídico superior a proteger es el Estado de Derecho y la Democracia.
Con los cuestionamientos que todos sabemos y que se hicieron, se dio una Declaratoria Oficial en donde se señala al Sr. Nasry Asfura como ganador y que, ha generado en el ciudadano la percepción de ilegitimidad de origen de su gobierno. Aquí es donde debe prevalecer el pensamiento sereno de un estadista. Si lo que se quiere es gobernabilidad, gobernanza y estabilidad política, los siguientes pasos no deben ser regidos por el capricho del que se cree ganador, sino por una lectura atenta y sabia de lo que sucede y de lo necesario para dar el siguiente paso. Y cuando me refiero a no ser caprichosos me refiero tanto a los que ganaron como a los que perdieron.
Debo decir que, por la falta de las reformas electorales que el PLH propuso desde el 2017 en el diálogo político auspiciado por el PNUD y torpedeado entonces por el PNH y por Libre es que llegamos a esta crisis. Si hubiera existido segunda vuelta electoral no existiría el problema de legitimidad para el ganador ya que, no comenzaría con el 60% del electorado y de las fuerzas políticas en contra, por eso, para generar esa necesaria legitimidad y tranquilidad la decisión pasa por cederle la Presidencia del CN al PLH que es el otro gran polo opositor a los aspirantes a tiranos o, quitarse la máscara y negociar con Libre, de espaldas a lo que dijo el pueblo en las urnas y demostrar que son iguales y que solo se busca satisfacer el capricho y la ambición personal.
Para que haya equilibrio democrático hay que hacerle justicia al Partido Liberal y éste último debe también mostrar capacidad interna de no someterse a los caprichos de nadie, actuar unificado en su bancada y no sucumbir a los cantos de sirenas ni al tilín tilín de unos y otros. No es una cuestión de número de diputados y sus votos, es de entender que primero está el País, después la institución partidaria y al final los intereses personales. ¡Dios los guie a todos!
Abogado y Notario. Catedrático Universitario. Político Liberal.
EL PUEBLO es el espacio oficial de información y comunicación del Partido Liberal de Honduras. Desde aquí compartimos las acciones, propuestas y liderazgos que fortalecen al liberalismo y que representan la esperanza de un país con libertad, justicia y equidad.


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