TESTIMONIO DE UN CIUDADANO QUE PRESENCIÓ EL FRAUDE Y SE NEGÓ A SER CÓMPLICE
diciembre 28, 2025
Por: Oscar Francisco Ávila
Honduras atraviesa uno de los momentos más complejos y decisivos de su historia democrática reciente. El proceso electoral recién vivido no solo evidenció debilidades institucionales estructurales, sino que dejó al descubierto una profunda crisis de coherencia política, liderazgo efectivo y respeto a la voluntad popular.
El Partido Liberal de Honduras llegó a esta contienda con el mejor candidato posible: una figura capaz de generar esperanza real y credibilidad, no solo entre la militancia histórica, sino también entre independientes y liberales que durante años habían permanecido al margen de la política. Fue una coyuntura excepcional, un momento histórico para el liberalismo hondureño que difícilmente se repetirá en el corto plazo.
Sin embargo, la política no se juega en solitario. Todos los actores mueven piezas, construyen escenarios y aplican estrategias, algunas legítimas y otras abiertamente cuestionables. Como bien expresó una gran correligionaria liberal, pero ante todo una patriota: “el juego se llama no te enojes”. Entender ese juego, sin perder principios, es vital para sobrevivir y prevalecer en él.
El partido Libertad y Refundación, pese a ejercer el poder Ejecutivo y disponer de todos los recursos del Estado, no logró comprender la importancia de la cercanía con el pueblo, del respeto a la institucionalidad, de los valores democráticos ni del apego a la ley. Esa desconexión ha sido profunda y evidente. Por esa razón, LIBRE no logró, ni parece capaz de lograr, reposicionarse en el corazón ni en la intención de voto del pueblo hondureño.
El Partido Nacional, en contraste, optó por una estrategia distinta: silenciosa, calculadora y persistente. Consciente de su lugar en el tablero político, nunca dejó de organizarse ni de prepararse. Además, se vio beneficiado por el contexto internacional, particularmente por la afinidad ideológica con el presidente Donald Trump, cuya visión conservadora se alinea con el nacionalismo hondureño.
Muchos liberales no supieron dimensionar el peso real de las ideologías en la política internacional. Erróneamente intentaron congraciarse con intereses externos sin comprender que la diplomacia y la geopolítica también se rigen por principios doctrinarios. El resultado fue lamentable: amenazas, cancelaciones de visas y una demostración clara de improvisación e incomprensión ideológica.
Desde mi análisis del proceso, tras revisar actas, impugnaciones múltiples y denuncias documentadas de fraude, el Partido Liberal ganó las elecciones. Sin embargo, el control del Consejo Nacional Electoral y, sobre todo, la división interna impidió defender esa victoria. Un partido fragmentado sucumbe con facilidad, y hoy el liberalismo enfrenta la disyuntiva más trascendental de su historia política reciente.
En este contexto, el nuevo Congreso Nacional, que está por instalarse en el mes de enero, se encuentra inmerso en intensos cabildeos para alcanzar los 65 votos necesarios de los 128 diputados electos democráticamente. La correlación de fuerzas quedó establecida de la siguiente manera:
》 Partido Nacional: 49 diputados
》Partido Liberal: 41 diputados
》Partido LIBRE: 34 diputados
》Democracia Cristiana: 2 diputados
》PINU–Social Demócrata: 2 diputados
Ante este escenario, existen dos rutas posibles, ambas con consecuencias profundas para el futuro del Partido Liberal y para el sistema democrático hondureño.
Primera opción: buscar la presidencia del Congreso Nacional
Esta ruta plantea dos caminos:
1. Aliarse con LIBRE, asegurando la presidencia del Congreso, pero reviviendo políticamente a un partido agotado en lo ideológico, en el liderazgo y en la gestión. Dar oxígeno a LIBRE sería un error estratégico que podría costarle caro al liberalismo en el futuro inmediato.
Forzar acuerdos con el Partido Nacional, provocando una situación de ingobernabilidad que obligue a ceder la presidencia del Congreso. Sin embargo, esta vía implicaría pactar con quienes cometieron fraude, algo que el pueblo hondureño sabe, recuerda y no perdona.
Segunda opción: coherencia y oposición firme
La alternativa más responsable y estratégica es mantenerse al margen de cualquier alianza, votar por el candidato más débil a la presidencia del Congreso y permitir que gobiernen, mientras el Partido Liberal asume desde el primer día una oposición firme, ética y coherente.
El mensaje sería inequívoco:
1. No ganaron, hicieron fraude.
2. No nos aliamos con LIBRE.
3. Somos coherentes con nuestros principios.
Esta postura, lejos de debilitar al liberalismo, lo reposicionaría como una opción real de poder a mediano y largo plazo.
El riesgo mayor: perder a quienes volvieron a creer
Aquí radica un punto crucial que no puede ignorarse. Una mala decisión del Partido Liberal en este momento histórico no solo tendría consecuencias internas; podría provocar que los independientes y miles de liberales hoy apartados —que apenas habían comenzado a recuperar la esperanza, pierdan nuevamente el interés en la política y sientan que todo está perdido. Esa desmovilización sería devastadora: no se traduciría solo en abstención, sino en resignación, silencio y abandono definitivo del proyecto liberal. Ningún partido con vocación de poder puede permitirse empujar a su propia base social hacia la apatía.
El peligro de los mercenarios políticos
A esto se suma la amenaza de los mercenarios internos: aquellos que presionan, negocian y venden voluntades para favorecer intereses ajenos al Partido Liberal. Son conocidos. Dios y el partido saben quiénes son. Su actuación pondría en riesgo no solo una coyuntura, sino la credibilidad histórica del liberalismo.
Confío, con responsabilidad y compromiso, en que el Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal, órgano colectivo que dirige nuestro instituto político y del cual este servidor forma parte, actúe con cabeza fría, madurez política y visión histórica. Hoy no se decide un cargo; se decide el futuro del liberalismo y la esperanza democrática de Honduras.
Conclusión
La historia juzga con severidad a los partidos que traicionan sus principios por cuotas de poder momentáneo. El Partido Liberal está ante una encrucijada definitiva: o actúa con coherencia, unidad y visión estratégica, o corre el riesgo real de la irrelevancia política. La militancia espera liderazgo, firmeza y dignidad. Honduras necesita un liberalismo fuerte, ético y valiente. El momento es ahora.
Que Dios salve a Honduras.
Oscar Francisco Ávila
Secretario de Comunicación Política
Partido Liberal de Honduras
Máster en Comunicación Política
Egresado de la Cumbre Mundial de Comunicación Política
Cartagena, Colombia
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